La mujer hombre - Laura Montes
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La mujer hombre

La mujer hombre

Ese espacio dónde todo tiene cabida se llama Internet o red, que me gusta aún mas, pues parece que no tiene fin o así al menos debería ser. Y allí es dónde, la que escribe en otra etapa de su vida, hace ya mucho tiempo, aunque por las experiencias que me trasladan el tema sigue exactamente igual, decide recurrir para cubrir una necesidad vital: el desarrollo de la sexualidad.

El onanismo es una práctica muy saludable, placentera y recomendable, pero sobra comentar que es también muy satisfactorio compartir juegos y andanzas sexuales con un compañer@.
Por lo que animada por un sector concreto de mi entorno, el gay, que tienen una visión mucho más amplia y libre de la sexualidad, es un hecho: ¡me lanzo al mundo de los contactos a través de la red!
Leo y releo en la prensa cifras sobre el incremento de las web de contacto que tienen como finalidad la búsqueda de pareja, que si casi un 20% de las parejas se forma en internet, que si 3.5 millones de españoles están dados de alta en webs para solteros, etc… e incluso aquellas que incitan a las infidelidades, pero nada, no encuentro datos estadísticos sobre aquellas en las que simplemente se buscan meros contactos sexuales, están en la sombra y es que luego en la práctica, te das cuenta de que son todas lo mismo y que todos los usuarios picotean de unas y otras, ¿cuestión de incrementar la tasa de éxito? Es probable.
Y cuestión de tabú, porque aunque parece que algo se avanza, lo relacionado con sexo de manera explícita sigue siendo de “aquello mejor no airearlo”, aunque tengamos que deglutir publicidad y mensajes llenitos de una alta carga sexual!
Y comencé la andadura. Cabe destacar que la frase de “amigos con derecho a roce” creo que está profundamente equivocada, en este caso se rastrean “roces” y quizá la amistad surja como un “bien colateral”.
Establecidas las reglas generales de las “citas-roce” y su normal desarrollo en el que no creo que sea necesario indagar puesto que forma parte de la intimidad y daría para todo un ensayo sociológico, sí hay una observación que me gustaría destacar y además hacerlo desde mi óptica como mujer que soy, al menos hasta ese momento…
Porque de repente, al manifestar esta nueva forma de explorar el mundo, me convertí en hombre para un sector de la población! Sí, sí…yo toda la vida pensando que era fémina, sin mini faldas ni labios sugerentemente acicalados, pero fémina!! y descubro que ese comportamiento concreto me cambia de sexo, bueno para ser correctos, lo que me cambia es el género.
El género del que tanto oímos hablar y que en su definición, es todo aquello que se le atribuye a un sexo socialmente; actividades, atributos, comportamientos, etc…que una sociedad concreta en un momento determinado otorga a cada sexo creando un rol social.
Uhmmmm, así que por eso cambiaba de género!! De repente la capacidad de elección, tener una vida sexual libre, sin tabúes, con “bienes colaterales” varios y diversos, hablar de sexo como quien habla del precio de las peras conferencia y encima sin pareja, eran cualidades asociadas al hombre, así que me mutaron a hombre!!
Así, sin pasar por cirugía ni cambio físico alguno, porque igual si yo fuera de las minifalderas, visualmente súper femenina de la muerte y luciera mis humildes atributos, es probable que me hubiera ganado ese otro título que nos encanta otorgar en cuanto una mujer digamos que es libre de espíritu.
A lo que voy, sin querer generalizar, me llevé una desagradable sensación y es la de ser consciente de la desigualdad de género cuando una mujer libre decide tener sexo de forma esporádica y esto era en dos aspectos fundamentalmente:
– En las propias citas, porque a pesar de que el contacto se realizaba en un entorno a priori libre de tabúes sexuales, incrédula, pensaba que también era libre de tabúes mentales.  Está claro que para algunos sigue pesando el estigma social de que una mujer efectivamente debe ser sumisa en la cama, como escribía cierto obispo.
Esto pone de manifiesto la desigualdades existentes en cómo expresa y cómo debería expresar cada género su sexualidad, lo cual me traslada casi a la época victoriana…
– Los comentarios del entornoTe comportas como un tío”, dicho tanto por hombres como mujeres, porque la promiscuidad, la variedad de amantes, la separación de sexo y amor o el disfrute sin más del sexo son propiedad exclusivamente masculina, no de una mujer.
Y aunque no me guste generalizar, esta realidad existe, aún existe. Y por muchos avances que se han logrado en libertades individuales e igualdad de género, queda aún mucho camino por recorrer.
La sexualidad es un derecho a ejercer por todos independientemente del género de la sociedad que nos toque vivir, como individuos, como personas y como seres sexuales!
Así que yo me quedo con la práctica del sexo sin género, como medida de reivindicación real en esa batalla por la igualdad sexual.
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